Pintura

La imagen es, como decía Federico García Lorca, un cambio de trajes, fines u oficios entre objetos o ideas de la Naturaleza. Y en ese juego de mudar la piel se mezclan en la obra de la autora las manchas de color con una niebla de pasteles que dibujan la atmósfera de la composición y la hacen vaporosa y etérea. Una perfecta aleación entre intimismo y cromatismo, un vuelo de color de Zóbel a Kandinsky.

 

Aprehender lo inasible y lo imprevisto del oficio de mirar dando forma y figura a los recuerdos, matizar la intuición con un trazo depurado y limpio, soñar sin objetivo definido el pulso del instante sobre el lienzo, sumar a la pupila el devenir acrílico de lo real. Tal vez sean estos los efectos que provoca el pincel. Y tal vez sea este el propósito de este catálogo de instantes.

 

Una exploración de los paisajes internos que se muestran sobre el cuadro como veladura del otro paisaje, el exterior. Un afán por atrapar las cosas y darles apariencia de montaña, de casa, de viaje, de hojas y de luna. Un viaje de ida y vuelta hacia lo azul.

 

Raúl Vacas